Presidente del Consejo Regional
El primer congreso de escritores del Caribe se celebró en noviembre de 2008 como iniciativa del consejo regional de Guadalupe. Este fue un acontecimiento cultural mayor, tanto por el número como por la calidad de los escritores, procedentes de todos los horizontes del gran Caribe, francófonos y criollo hablantes (se refiere al creole), anglófonos, hispanohablantes, de habla neerlandesa, reunidos para la ocasión. Este primer congreso fue la oportunidad para hacer un inventario de los movimientos de pensamiento y corrientes de sensibilidad que han dejado sus huellas de manera perdurable, a lo largo del siglo 20, en las producciones literarias del Caribe. Para nadie es un secreto que les literaturas caribeñas han adquirido sus títulos de nobleza en la esfera internacional. La prueba es la atribución del Premio Nobel de literatura, de manera sucesiva, al Colombiano Gabriel García Márquez –puesto que es uno de los nuestros, al reclamar las mismas determinaciones de identidad histórico-sociales-, al Guadalupeño Saint-John Perse, al Santalucense Derek WALCOTT, al Trinitense V.S. NAIPAUL.
Este primer Congreso contó con el ilustre padrinazgo de Derek WALCOTT. En aquella ocasión, rendimos homenaje a Aimé CESAIRE y en esta edición, lamentamos la ausencia del extinto Edouard GLISSANT. Pero nos sentimos orgullosos por la presencia del eminente escritor cubano, Roberto Fernández RETAMAR, poeta, historiador, ensayista, presidente de la prestigiosa institución de La Casa de las Américas, quien nos honra con su presencia, en calidad de Presidente de honor de la Asociación de Escritores del Caribe en el marco de este segundo congreso.
La colectividad regional que tengo el honor de dirigir atribuye una importancia capital a la cultura, y trabaja para elevar a Guadalupe al rango de hogar de intercambios fecundos. He decidido, en esta ocasión del Congreso que, durante este mes de abril 2011 nos reúne, crear un gran premio literario que coronará una obra destacada de la literatura caribeña. Este premio literario caribeño del consejo regional de Guadalupe ha sido concebido como anticipo del gran premio literario de la Asociación de Escritores del Caribe, ya programada por el primer Congreso, el cual será concedido durante el 3er Congreso, en 2013.
A los numerosos colaboradores que apoyaron nuestra iniciativa, les dirijo mis más sinceros agradecimientos. Asimismo agradezco a aquellas y aquellos quienes como, escritores, universitarios, educadores e investigadores, periodistas, realzan con su presencia las sesiones de estudio y las manifestaciones inscritas en nuestro programa.
Victorin LUREL
Presidente del Consejo Regional, Diputado de Guadalupe
Presidente de honor de la asociación de escritores del Caribe
Las tierras que acabarían llamándose del Caribe tardaron un tiempo en ser nombradas así.
Los ingleses las llamaron West Indies, y los demás las Antillas.
Incluso en pleno siglo XX el martiniqueño Édouard Glissant, a quien volveré a referirme, publicó su clásico “Le discours antillais” . Pero la denominación caribeña acabaría por imponerse. Y aunque es asunto abierto a discusión, el área caribeña abarca no solo a las Antillas, sino también a zonas de países continentales que se asoman al Mar Caribe o se relacionen con él. Y ese gran Caribe, que no es una unidad lingüística ni política, conserva caracteres comunes o muy semejantes que permiten que se hable de él como de una entidad.
Eso ha hecho Carifesta, que comenzó referido solo a países de lengua inglesa, luego incorporó creadores del resto del Caribe y posteriormente se realizó en Cuba; eso ha hecho el Prix Carbet de la Caraïbe et du Tout-Monde, centrado al principio en el Caribe de lengua francesa y cuyo jurado sesionará próximamente también en Cuba; eso, en fin, explica que este congreso de escritores caribeños que ocurre en Guadalupe incluya autores de muy distintas partes del Caribe.
Es para mí una de las mayores distinciones que he recibido el que se me haya invitado generosamente a presidirlo. Entiendo el hecho como un reconocimiento a la labor realizada durante décadas por la Casa de las Américas, y dentro de ella por el Centro de Estudios del Caribe: este último, eficazmente conducido por Yolanda Wood. Esa labor ha consistido y consiste en acercar a valiosos creadores de lo que ya es común nombrar la América Latina y el Caribe.
Tanto Guadalupe como Cuba pertenecen a ambas comunidades, debido a lo cual sus habitantes somos particularmente sensibles a lo que nos une.
Son harto conocidos los grandes hitos caribeños, desde el mal llamado Descubrimiento, la primera llegada de europeos al área hace más de medio milenio; el establecimiento ulterior de plantaciones que caracterizarían a la región y supondrían la presencia numerosa de esclavos africanos (lo que permitió a Rex Nettleford hablar de the African connection entre nosotros) y luego de asiáticos, que unidos a descendientes de europeos han contribuido a hacer del conjunto una encrucijada mundial; la hazaña haitiana que culminó en 1804 con la primera independencia de nuestra América; el inicial movimiento antimperialista, que organizara José Martí y sería reclamado como antecedente por la actual Revolución Cubana; grandes utopías del siglo XX, como la vuelta de los negros a África postulada por Marcus Garvey y la proclamación de la negritud por Aimé Césaire; las lecciones de Fidel Castro, Frantz Fanon y Che Guevara. Y en el orden estrictamente literario, obras como las que no hace mucho fueron antologadas en The Oxford Book of Caribbean Verse; una rica y compleja faena que ha recibido en varias oportunidades premios enaltecedores y hasta mundiales; la apropiación para el Caribe del personaje de La tempestad Caliban por George Lamming, Césaire, Kamau Brathwaite, el autor de estas palabras y muchos y muchas más. Imposible en tan pocas líneas resumir una labor vastísima.
Terminaré hablando, como anuncié, de Glissant. Su obra en verso, sus narraciones, sus ensayos, sus críticas constituyen ejemplos de lo mejor que ha producido el Caribe, y así ha sido reconocido en todo el planeta. Hubiera sido magnífico tenerlo en el congreso, donde su ausencia se sentirá rudamente.
Voy a concluir con una confesión que ya he hecho. Anudé amistad con Glissant, a quien llamábamos cariñosamente Edú, en 1960, en París, donde a la sazón yo era diplomático de la entonces flamante Revolución Cubana. Nos veíamos con mucha frecuencia, y hasta llegamos a proyectar juntos una revista sobre cultura latinoamericana que sería publicada en aquella ciudad, y para la que solicité el apoyo de Alejo Carpentier, muy admirado tanto por Glissant como por mí. En nuestros encuentros, siempre cálidos, Glissant me ayudó a comprender lo que podríamos llamar la especificidad caribeña: que el Caribe tiene caracteres propios, que no la oponen a la América Latina, pero en ciertos aspectos la distinguen de ella. Hoy, más de medio siglo después del inicio de esa relación, me complace volver a reconocer mi deuda con el amigo inolvidable.
La Habana, 23 de febrero de 2011.
Invitado de honor de la asociación de escritores del Caribe
La literatura dominicana parte de las formas gramaticales de la literatura española introducidas en la isla por los primeros colonizadores. Es a partir del siglo XIX cuando puede hablarse de una literatura dominicana con acentos del mestizaje. A partir de la novela El Montero, de Pedro Francisco Bonò, publicada en Paris, la visión del mestizo se logra a través de la vida de este personaje rural, resultado de las devastaciones de Osorio (1605-06), estableciéndose aspectos relevantes de la vida del cazador de reses salvajes y ayudante de los terratenientes coloniales.La sociedad dominicana, en su mayoría mulata, se reflejará en la literatura del siglo XX, donde autores como Tomás Hernández Franco, con su poema Yelidà, tratan el tema de la mezcla racial y del mestizaje. Dadas las confrontaciones dominico – haitianas, decimeros como Juan Antonio Alix, y poetas “cultos” como Rubens Suro, abrevan una poesía que detalla la posición de los mismos como cultores de la temática. En los años 37 38, el novelista Freddy Prestol Castillo escribe El Masacre se Pasa a Pie, novela que describe la matanza ordenada en la frontera dominico haitiana por ordenes del dictador Trujillo, obra publicada luego de la muerte del tirano. Ya en otra literatura, como son algunos cuentos de Ramón Lacay Polanco, Ramón Marrero Aristy, Néstor Caro, y antes Sócrates Nolasco, el tema afro-antillano está presente, y desde luego, la religión africana y sus variantes, también.
Frente a los temas del mestizaje hemos desarrollado en nuestras novelas Biografía Difusa de Sombra Castañeda, (Vie e mort d’un Aprenti Sorcier) y El Hombre del Acordeón, (L’ Homme a la acordeón), aspectos socioculturales de las creencias mestizadas y en el caso de esta última novela, la característica cultural del llamado “rayano”, personaje fronterizo que caracteriza una mezcla viva de la relación dominico-haitiana, donde aspectos relevantes de ambas culturas se funden para dar forma personas biculturales-. En la novela titulada Negrito, de Claudio Soriano, se hace un largo recuento desde la esclavitud hasta el presente, del trato del negro en la cultura dominicana, y en la novela de Carlos Esteban Deive titulada Viento Negro, Bosque del Caimán, donde se tratan los efectos de la Revolución Francesa y la parte francesa del Saint Domingue y la parte del Santo Domingo español. El tema del mestizaje aparece en su última novela El Festín de los Generales. Al referir estos trazos breves de una literatura que se mueve entre la Historia y la Antropología, que de más en más intenta aproximarse el mundo caribeño en muchas de sus parcialidades, hacemos hincapié, como en otras ocasiones, en la gestión de una editorial caribeña trilingüe, por lo menos, con la cual podamos interconocernos, si se me permite esta palabra. Las traducciones aisladas n o n os dan una muestra de la riqueza de nuestros temas, nuestras artes, nuestras culturas, nuestros modelos de mestizaje, en fin de nuestras costumbres y raíces. Me gustaría proponer aquí una reunión, un nuevo comité para la expansión y la selección anual de por lo menos una novela de cada país caribeño, con miras a su traducción y a su divulgación. Aun así es bien poco lo que podemos hacer.


